En memoria del Dr. Amer Rammal

 

                      

 En memoria del Dr. Amer Rammal

La vida nos da la oportunidad de encontrarnos con personas relevantes que nos marcan profundamente como seres humanos y cuya presencia parece que vaya a durar siempre. Cuando nos dejan, nos invade una terrible sensación de tristeza y profundo vacío. Estos sentimientos son los que muchos experimentamos ahora, ante el fallecimiento hace unos días de nuestro compañero Amer Rammal con tan solo 56 años, víctima de este virus injusto que está mermando nuestras vidas.

Amer, natural del sur de El Líbano, vino a España a principios de los 80, estudió medicina en la Universidad de Badajoz y la residencia de ORL en el hospital de Basurto. Trabajó en varios hospitales públicos y privados, y en cada uno de ellos dejo una profunda huella. El doctor Amer Rammal tenía algo de familia para propios y extraños, escuchaba a sus pacientes con la paciencia de un santo, era un otorrino entregado, humilde y resolutivo al que siempre esperábamos que volviera de vacaciones, con las manos cargadas de dulces y la boca llena de historias. Siempre estaba de buen humor, dispuesto para todo el mundo, buen amigo y mejor compañero, lo cual hace todavía más injusto este terrible final.

Amer era uno de esos médicos con talento y olfato innato que le hacía ganarse un sitio fundamental dentro de cualquier equipo. Era constante verle ponerse al mando en cualquier situación, con el único propósito de proteger a los demás, exponiéndose él, con esa tara de padre ejemplar que le empapaba. Como compañera suya, siempre me llamó la atención el número de veces que le oí hablar de sus amigos como hermanos, hasta el punto de chincharle siempre como un poco fanfarrón.

Acompañarle en sus últimos días, me ha dado la oportunidad de comprobar que no exageraba, pues somos muchos los que hemos asistido conmovidos a su lucha por la vida, con el dolor que se siente por un hermano. Somos también muchos los que cuando pase este dolor, sentiremos perpetua la presencia del amigo y el legado del médico.

Vuelves ahora a tu tierra, que siempre adoraste, pero tu recuerdo siempre estará entre nosotros, en los desayunos, en el quirófano, en las cenas de servicio, que no eran cenas hasta que llegabas tú, siempre retrasado… Ha sido una suerte tenerte y un profundo dolor tener que despedirte. Buen viaje amigo mío.

Cristina Valor